Obligatoriedad y utilidad de dejar fragmentos de bosque en los predios agropecuarios

Escribe: Octavio Galván Gildemeister (Columnista invitado).

Desde 1978, mediante el Decreto Ley N° 22175 (Ley de Comunidades Nativas y de Desarrollo Agrario de las Regiones de Selva y Ceja de Selva), el Estado exige conservar como mínimo el 30% del bosque en los predios rurales cuyos titulares acceden a las autorizaciones de cambio de uso que permiten convertir áreas boscosas en agropecuarias, siempre que la capacidad de la tierra sea compatible. Luego, en el año 2000, la Ley N° 27308 (Ley Forestal y de la Fauna Silvestre), señaló que además se debe proteger una franja no menor de 50 metros del cauce de los ríos y espejos de agua.

Esta obligatoriedad no ha variado hasta ahora pero, a pesar del largo lapso, no ha sido cumplida por la mayoría de agricultores y ganaderos, notándose que el Estado ha impuesto una norma que aplica a emprendimientos productivos agroindustriales, principalmente los mediatizados por razones políticas o periodísticas.

Sucesivas leyes y sus reglamentos no han establecido el propósito que se persigue con la conservación del 30% del bosque en un predio para cultivo; aunque es de presumir que se pretende conservar la biodiversidad  y servicios del bosque, no obstante, en la práctica, el Estado con esta norma legaliza la fragmentación del bosque, dificulta sus labores de monitoreo y evaluación (debe supervisar las labores que se realizan en tantos fragmentos de bosque, como propietarios o posesionarios de predios existen) y, en  ocasiones, se enfrenta a los productores agrarios, puesto que los obliga a dejar fragmentos boscosos sin precisar su utilidad.

El abordaje de los problemas que genera la fragmentación del bosque tropical incluye adoptar estrategias para la conservación del paisaje (ecosistemas de un territorio). Algunas investigaciones señalan que el mero hecho de dejar fragmentos de bosque no impide la extinción local de algunas especies y que evitar esto requiere del manejo integral del paisaje para aprovechar la existencia de los fragmentos de bosque, los cuales deben tener conectividad entre sí, con áreas extensas de bosques, a través de corredores biológicos.

Columna Amazonía y Buen Gobierno publicada en Diario Uno el martes 25 de agosto de 2015.