EAE y reducción de conflictos por hidrocarburos en Colombia

Escribe: Rodrigo Jiliberto (columnista invitado).

El relativamente largo ciclo de desarrollo económico que ha gozado América Latina ha traído consigo significativos problemas ambientales: escasez de agua en determinados territorios, grave contaminación atmosférica en muchas ciudades, pérdidas de biodiversidad, conflictos socioambientales en torno a proyectos estratégicos, por nombrar algunos. Todo ello ha ido deteriorando visiblemente su gobernabilidad ambiental y, por qué no decirlo, su competitividad.

En este escenario la Evaluación Ambiental Estratégica (EAE) tiene un papel fundamental que jugar, pues los instrumentos ambientales de escala de proyecto no son suficientes ni adecuados para mejorar ambientalmente las decisiones de políticas, planes o programas.

La EAE contribuye a la sostenibilidad y la gobernabilidad ambiental de una forma radicalmente distinta a como lo hacen los procedimientos de evaluación de impacto ambiental de proyectos, donde las razones técnicas son autónomas e independientes y juegan un papel rector.

Un ejemplo notable ha sido la influencia que ha ejercido la decisión temprana de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) de Colombia de realizar una EAE de su planificación estratégica. La EAE permitió a la ANH generar un liderazgo en materia socioambiental a escala nacional, desarrollando el procedimiento de evaluación de riesgos de sostenibilidad previo a las rondas licitatorias de lotes; profundizar y mejorar notablemente los requisitos de gestión y seguimiento socioambiental de los contratos de exploración y producción.

Esto tiene efectos muy concretos, como que en la última ronda OFF shore, significativas áreas del Pacífico colombiano se hayan excluido debido a los resultados de las evaluaciones de riesgo de sostenibilidad, o que la conflictividad social regional del desarrollo petrolero haya significativamente disminuido en Colombia.

La EAE asume así una doble tarea: por un lado, permite que las políticas sectoriales incorporen paulatinamente su dimensión ambiental y desarrollen políticas sectoriales sostenibles; y por el otro, desarrolla la gobernabilidad ambiental, lo que puede dar lugar a un círculo virtuoso de enorme potencia para la sostenibilidad de un país.

Columna Amazonía y Buen Gobierno publicada en Diario Uno el miércoles 23 de setiembre de 2015.